Universidades

Rankings de universidades: ¿capricho o necesidad?

La publicación hace unos días de la tercera edición del ranking de universidades españolas U-Ranking, elaborado por la Fundación BBVA y el Ivie, ha reabierto el debate sobre la pertinencia de instrumentos de jerarquización de las universidades en función de su productividad docente, investigadora y de transferencia.

Los detractores de estos instrumentos opinan que el sistema universitario público cumple una función social en la que no hay, ni debe haber, competencia entre sus integrantes y que los rankings solo contribuyen al deterioro de la imagen de aquellas universidades que aparecen sistemáticamente relegadas a las últimas posiciones en los mismos.

Es cierto que los rankings tienen su origen en sistemas universitarios sajones que tienen características que hacen imprescindibles a estos instrumentos. Una de ellas es la elevada movilidad territorial del estudiante, cuyo objetivo principal es ir a la universidad más prestigiosa posible dentro de la restricción de sus calificaciones preuniversitarias, independientemente de la cercanía a su lugar de residencia. Otra característica es la elevada inversión que supone a las familias enviar a sus hijos a la universidad, lo que provoca que en la evaluación de las alternativas para esta inversión la información objetiva sobre el prestigio de la institución sea un elemento imprescindible para una decisión racional.

Siendo cierto que el sistema universitario español se caracteriza por una elevada tendencia a estudiar cerca del lugar de residencia de la familia y que, debido al peso mayoritario del sistema público, las tasas cubren una parte bastante reducida del coste de la educación, los rankings comienzan a ser también una herramienta necesaria en nuestro país. En primer lugar porque las dos características anteriores están, aunque muy lentamente, cambiando. Hay un mayor coste a considerar por las familias, derivado del incremento de las tasas y, especialmente en los estudios de postgrado, la movilidad interterritorial es creciente.

En segundo lugar, porque es necesario que los gestores de las universidades vean reflejado en un indicador que las decisiones de gestión no son neutrales para la productividad de las instituciones. Los ejemplos de las mejores universidades indican que se puede regir una institución haciendo que, a medio plazo, las reformas introducidas le permitan escalar posiciones y que los costes políticos asumidos para abordar dichas reformas, tengan como contrapartida un mayor prestigio de la institución.

Para facilitar la persecución de este objetivo no es igual de útil cualquier tipo de ranking. Muchos de los rankings internacionales dejan fuera a gran parte del sistema universitario español porque utilizan indicadores poco representativos de nuestra realidad, como el número de premios Nobel impartiendo docencia (ranking de Shanghai). U-Ranking está concebido para contemplar el amplio conjunto de actividades y perfiles del sistema universitario español, incluyendo en esta edición universidades privadas. Con una metodología transparente y basándose en 25 indicadores adaptados a la realidad española, busca atender una necesidad de información fiable que, aventuramos, será creciente en años venideros.

Por: Joaquín Aldás-Manzano, profesor de la Universitat de València e investigador del Ivie. Coautor de U-Ranking

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