Descubra los conceptos básicos de la microeconomía y todos aquellos factores que son relevantes para el buen funcionamiento empresarial.
Si en la entrega anterior de este ciclo informativo desvelamos los conceptos fundamentales para entender la economía desde un punto de vista macro, en esta vamos a descubrirla a través de la microeconomía. Como ya avanzamos en el número anterior, mientras que la macroeconomía se fija en indicadores más globales como el PIB, la tasa de paro o el IPC, la microeconomía se centra en aspectos más concretos como pueden ser individuos, familias y empresas, y el funcionamiento de los mercados en los cuales ellos operan. Considera las decisiones que toma cada uno para cumplir ciertos objetivos propios. Los elementos básicos en los que se centra el análisis microeconómico son los bienes, los precios, los mercados y los agentes económicos. La suma de los comportamientos individuales de estos agentes económicos es lo que determinará la evolución de la economía en su conjunto, es decir, la macroeconomía. Entre todos los agentes de la economía (familias, empresas, sector público y sector exterior, etc.), esta entrega quiere profundizar en la importante figura de las empresas.
Las empresas forman parte de la base de los mercados. El bienestar de una sociedad depende en gran medida de los resultados de las empresas. El vínculo entre el ciudadano y la empresa no sólo se establece cuando éste es un empleado o un cliente, sino que las acciones de ambos en el día a día afectan a los dos. Las personas influyen en el consumo, son quienes deciden si gastan o ahorran, lo que repercute directamente a la facturación de las empresas. Por su parte, éstas generan competencia en los mercados y mejoran la cantidad y la calidad de la oferta.
Si a las empresas les va bien se reflejará en la economía. El éxito empresarial repercutirá, por lo tanto, en el bienestar de todos. Para obtener este éxito hay que cuidar cuatro factores muy importantes: el producto (bienes o servicios), el marketing, la financiación y la productividad.
El producto, ya sea un bien o un servicio, es lo más importante que tiene una empresa, es su esencia y debe cuidarlo siempre. También hay que buscar nuevas formas de mejorarlo y hacerlo más competitivo.
Para lograr el triunfo empresarial es necesario que el producto se venda y para eso es necesario promocionarlo. De eso se encarga el marketing, una de las áreas que más han crecido en los últimos años. El primer espacio televisivo del año, patrocinar a la Selección española o rodar un anuncio con alguien famoso son prácticas publicitarias muy habituales y que conllevan un enorme desembolso de dinero y que forman parte de enormes campañas de marketing, que suelen dar resultado. Un dato significativo es la importancia que puede tener esta partida presupuestaria que se asigna a publicidad y marketing de una empresa. También hay, por supuesto, métodos más económicos que dependen más de la creatividad, pero que igualmente son vitales para triunfar.
Para que todo salga adelante y para poder innovar hace falta financiación, ésta es necesaria para poder iniciar la actividad empresarial (poder alquilar un local, comprar maquinaria, contratar personal...). La financiación puede ser interna -generada por la propia actividad de la compañía- o externa -a través de bancos, emisión de deuda, ampliaciones de capital, etc.-. La financiación externa es más exigente y sólo apostará por los proyectos más convincentes. En la actualidad hay un problema de falta de financiación porque la situación de crisis dificulta la entrada en el mercado de nuevas ideas y porque los agentes que ponen el dinero también atraviesan un momento delicado.
Por último, para conseguir que una empresa alcance el éxito es necesario que sea productiva. La productividad es la relación entre la producción obtenida por un sistema productivo y los recursos utilizados para obtener dicha producción, es decir, cuánto se ha producido con los recursos empleados y el tiempo utilizado: la eficiencia. Una productividad baja puede ser consecuencia de una mala gestión que no logra sacar rendimiento de todos los recursos que posee. A mayor productividad, menor es el número de horas que hay que emplear para lograr objetivos. También es importante contar con un sistema operativo eficiente y maquinaria actualizada entre otras cosas. España está a la cabeza de horas trabajadas al año en Europa con una media de 1.775 horas. Sólo ha reducido su jornada en los últimos 60 años un 13 por ciento, cuando la media de los países desarrollados es del 25 por ciento. Esto puede sugerir que la productividad en España es menor.
La entrada de capital extranjero a un país es un buen síntoma de su salud económica y su rentabilidad. La inversión ayuda a mejorar a las empresas y genera una mayor y mejor oferta para los consumidores. El Banco de España señala que la inversión directa de España en el exterior en 2009 fue de 6.227 millones de euros, disminuyendo en un 88 por ciento respecto a la de 2008, que ascendió a 51.102 millones de euros.
En cuanto a las inversiones internacionales en España, las cifras también muestran un descenso significativo: en el 2009 fueron de 5.124 millones de euros, con un descenso del 90 por ciento respecto a la inversión en el año 2008, que se cifran en 50.035 millones de euros. Estos datos reflejan la falta de confianza de los inversores en la economía española, así como la situación de incertidumbre en los mercados, si bien es verdad que la inversión extranjera directa ha descendido en todo el mundo.
La inversión en empresas internacionales es positiva para las empresas porque, aparte de aumentar su negocio, les ayuda a diversificar y disminuir riesgos.

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