
l libro ¿Qué nos jugamos cuando hablamos en público? ayuda a comprender mejor los mecanismos del miedo escénico y sus consecuencias sobre el lenguaje corporal y verbal. He escrito esta obra a raíz de mi experiencia, ya que he formado a más de 2.500 ejecutivos mejorando su capacidad de comunicación a través de técnicas de actores -por medio del gabinete de formación ExpresArte-.
Estas técnicas ayudan en la gestión del nerviosismo y la mejora del lenguaje corporal y verbal, y las formaciones se imparten en un escenario de teatro.
El libro es fruto de esta experiencia y es un análisis detallado de los mecanismos del nerviosismo y cómo se reflejan en los recursos de comunicación. Los ejecutivos que tienen que hablar en una reunión importante o una convención preparan bien el contenido de la ponencia, pero a la hora de transmitir el mensaje pierden credibilidad, porque no controlan el impacto del nerviosismo sobre su comunicación.
¿Por qué sienten el miedo escénico a la hora de hablar en público? Porque lo que se juegan a la hora de hablar en público no es su nivel de autoestima profesional, sino su nivel de autoestima personal. Un ejecutivo puede tener un buen nivel de seguridad profesional y poca confianza en él a la hora de convertirse en orador, porque el actor de la vida profesional no es el actor de la vida personal.
Para analizar el origen del nerviosismo y sus consecuencias, utilizo la metáfora del teatro mental. A lo largo de nuestra niñez atravesamos varias etapas psicológicas que forjan nuestra personalidad. El enfrentamiento con el público va a reactivar varios traumas emocionales, varios conflictos internos, varias tensiones que hemos vivido a lo largo de estas etapas.
La metáfora del teatro mental es imaginar que nuestra vida es simbólicamente un director de casting que nos propone un papel para interpretar un personaje: de pesimista, de perdedor, de tímido, de prepotente, de luchador, etc. Vamos a actuar en nuestra vida bajo el prisma de este personaje con sus miedos, sus prejuicios, sus insatisfacciones, su inseguridad... Este personaje determinará la percepción del mundo que le rodea y marcará un cuadro de actuación cuando se relaciona con los demás.
Es como una obra de teatro permanente donde tenemos que asumir distintas responsabilidades. Somos los autores de las obras de nuestro teatro mental, las escribimos a lo largo de nuestra vida. Somos los directores de las obras porque somos responsables de las acciones y de las decisiones que tomamos. Somos los actores de estas obras porque actuamos con un rol que nos hemos definido. Este rol tiene por origen las bases de nuestra personalidad e influye en nuestra comunicación.
Con la metáfora del teatro mental entendemos mejor que el rol que nos hemos asignado nos puede limitar a la hora de hablar en público porque puede implicar un bajo nivel de autoestima personal y un alto grado de timidez.
Si hemos elegido en nuestro teatro mental un rol de actor secundario nos costará aceptar el papel protagonista del orador y conectar con el público. Convertirse en orador es una situación violenta porque nos transformamos en protagonistas, expuestos a la mirada y al juicio del auditorio.
La timidez provoca una percepción negativa del público y desencadena varios mecanismos de protección y de defensa a través del lenguaje corporal y verbal como el balanceo, la mirada tensa, las manos cruzadas, el ritmo de respiración acelerado, el cuerpo inquieto o, al revés, encogido, la falta de volumen de voz, el tono monocorde, el ritmo acelerado de palabra, etc.
En mi libro determino varios perfiles de oradores en función de la visión que tienen del público y analizo cómo se reflejan en cada recurso del lenguaje verbal o no verbal. Se trata de una obra interactiva, con unas preguntas al final de cada capítulo que ayudan al lector a determinar su perfil de orador para identificar mejor sus signos de nerviosismo y sus consecuencias.
Los tiempos de crisis van a convertir la comunicación en un reto todavía más difícil porque el contexto económico, tremendamente inseguro, a buen seguro aumentará la carga emocional del nerviosismo.
Este libro permite entender mejor los bloqueos psicológicos que fomentan el nerviosismo y abre un campo de investigación distinto para comprender el miedo escénico, lo que puede ser todavía más útil en la comunicación de hoy.

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