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Empleo y prácticas

Conciliación sí, pero... ¿qué conciliar?

Javier Mateos | 27/01/2010 - 14:05
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Ahora, mientras escribo este artículo, son las seis de la mañana. Llevo ya una hora leyendo las noticias y enviando e-mails. Probablemente el lector creerá que estoy de viaje en algún país lejano, pero no, en realidad estoy conciliando, estoy haciendo lo que me apetece hacer en este momento.

Esta reflexión no es espontánea y viene al caso porque últimamente leo en muchos artículos que conciliar es permitir que los empleados dispongan de más tiempo para poder estar con su familia y favorecer su desarrollo personal. Siendo muy respetable esta postura, es una pena que se imponga esta filosofía para definir lo que es la "Conciliación de la Vida Profesional, Familiar y Personal", porque en realidad va mucho más allá?

Más allá de los horarios flexibles

La conciliación no se reduce a un concepto de regulación de horarios flexibles para los empleados. La palabra conciliación significa llegar a un entendimiento, conseguir un equilibrio entre intereses. Así, en caso de existir desavenencias, empleado y empresa se inclinarán por un acto de conciliación, en lugar de recurrir a un juicio laboral.

Pero vayamos por partes? No hay duda de que los intereses sobre la vida profesional, familiar y personal incumben tanto a las personas como a las organizaciones.

Por lo tanto, ese equilibrio de intereses tiene que ser flexible -en determinados momentos favorecerá a la empresa y en otros al empleado-, pero también debe ser sostenible -si ese equilibrio no se mantiene en el tiempo se convertirá en un malabarismo muy arriesgado-.

Pero, ¿qué deben hacer las organizaciones para conseguir ese equilibrio?... En primer lugar, poner en marcha una serie de procedimientos y herramientas que tengan como finalidad facilitar que se consigan los objetivos que empresas y personas se marcan en su vida privada.

Aquí aparece, claro está, la consabida regulación de horarios para permitir más facilidades a la hora de entrar o salir del trabajo. Pero existen muchas otras claves que en raras ocasiones se tienen en cuenta, como son la tecnología, la formación o el acceso a la información.

¿Por qué las nuevas tecnologías? Porque hoy en día podemos hacer el trabajo que antes se tardaba un día entero en una hora, podemos estar localizables en todo momento, en cualquier lugar, podemos estar trabajando en casa mientras nuestro hijo está en la cama con fiebre, podemos estar esperando la confirmación de un pedido mientras estamos en el gimnasio... Ahora bien, para poder utilizar la tecnología de acuerdo a nuestros intereses, debemos estar informados y formados en su uso y posibilidades.

Durante mi carrera, me he encontrado con presidentes, consejeros delegados y directores generales, incluso empresas cotizadas en el Ibex 35, que hacen que sus secretarias les impriman los e-mails, dejando notas escritas a mano para incorporar después al correo electrónico. En estos casos, la posibilidad de trabajar desde casa o responder un e-mail desde la PDA es escasa o prácticamente nula.

El equilibrio perfecto

De ahí, que todos debamos aportar nuestro granito de arena para conseguir el equilibrio perfecto... Pensemos en el caso de un empleado que tiene un familiar cercano con una enfermedad grave. Independientemente de los días a los que tenga derecho, recogidos en su convenio colectivo, tal vez necesite muchos más, ya que si no, su rendimiento se verá mermado considerablemente.

Y desde el otro lado, el de la empresa, imaginemos el lanzamiento de un nuevo producto? Qué duda cabe que será necesario que los empleados hagan un esfuerzo extra para conseguir que la campaña sea un éxito y la organización pueda seguir en el mercado, dando trabajo y creciendo de la mano de sus profesionales.

Como vemos, la palabra secreta para lograr la conciliación no es otra que equilibrio, ¿está en nuestra mano?...

Son las siete y media y es hora de poner en marcha la maquinaria diaria? Que tengan un buen día.

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