Empleo y prácticas
Universia

Denuncias de las ingenierías técnicas

José Javier Medina Muñoz | 13/05/2009 - 17:16 | 0 Comentarios
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El proceso de Bolonia ha abierto en Europa expectativas de progreso y competitividad sin precedentes para la formación universitaria en general y para la ingeniería en particular, garantizando una formación más cercana y aplicada a las necesidades reales de la sociedad.

A lo largo de todo el proceso negociador con universidades y Ministerio para la definición de las nuevas titulaciones de ingeniería hemos percibido una obsesión permanente en que todo se quede como estaba manteniendo la estructura actual de los estudios de ingeniería, lo que abre una brecha entre los estudios que se van a cursar este próximo octubre en España y lo que realmente se hace en la mayoría de países de Europa.

Se incumple la convergencia europea y los compromisos suscritos en la Declaración de Bolonia y de las propias disposiciones legales promulgadas por el Gobierno español para la ingeniería impidiendo la competitividad internacional de los futuros títulos de grado y la repetición en los másteres de aspecto formativos generalistas que no añaden nada nuevo al conocimiento, ni permiten abordar el I+D+i mediante la especialización en tecnologías avanzadas.

Prolongar la Universidad

La necesidad de cursar un máster para alcanzar las atribuciones profesionales de la ingeniería como se pudiera interpretar en los acuerdos y en las órdenes ministeriales que lo desarrollan supondría una verdadera estafa social para los estudiantes por el riesgo de prolongar innecesariamente la estancia de éstos en la universidad y, suponiéndoles un coste económico inaceptablemente gravoso y superfluo, ya que con un título de grado adecuadamente diseñado es posible formar al ingeniero en toda su plenitud, reservando los másteres para la especialización.

Por ello, se ha decidido en todos los Colegios y Asociaciones encuadrados en el Inite el acudir a los tribunales para hacer cumplir la ordenación universitaria plasmada en la legislación vigente derivada de los compromisos adquiridos con la firma de la Declaración de Bolonia, y para conseguir una ingeniería homologable con los países más desarrollados del mundo. El Inite conjuntamente con todas las entidades de las ingenierías técnicas, han recurrido los Acuerdos del Consejo de Ministros; y, por otro lado, cada una de las diez ramas de ingenierías técnicas están recurriendo las correspondientes fichas de grado y máster.

Pese a que determinados instrumentos metodológicos de gran valor -créditos e.c.t.s., suplemento al diploma- ya estén previstos en nuestras normas, estamos pendientes de comprobar si las ingenierías también se suman a la convergencia de las nuevas titulaciones españolas como ya se viene desarrollando en las Ciencias Sociales o Jurídicas que se encuadran en las enseñanzas técnicas. El dilema está en ver si instituciones de evaluación de la calidad, como es la Aneca, aceptan las propuestas presentadas desde las Escuelas de Ingeniería adaptando sus programas de estudios a las fichas de las órdenes ministeriales.

Sería incomprensible que se trazara un modelo para la ingeniería española que no adjudique la relevancia principal al Graduado en Ingeniería de cada rama para hacerlo en su lugar con el máster, cuyo valor añadido radica en la especialización y debe ser, como en el resto del mundo, el que marque las líneas de crecimiento potencial en sus capacidades de investigación más avanzada y especializada, mientras que el Grado debe ser el representativo para el mercado laboral (así lo expresa claramente la Declaración de Bolonia y la transposición del Real Decreto español) y con la plenitud de las atribuciones profesionales.

He participado desde el primer día en las negociaciones entre Secretaría de Estado de Universidades -Rectores de Politécnicas- y Colegios de Ingenierías, como representante de la ingeniería técnica de telecomunicación, y el enorme trabajo desplegado en ellas, al final, no se ha trasladado a unas fichas de Graduados y Másteres consensuadas. Se ha perdido una oportunidad histórica de poner en práctica un nuevo modelo de ingeniero para el futuro. Nos hemos quedado en unas mejoras sobre el presente. Ahora está en la mano de cada Universidad conseguir para sus propios diseños de programas de estudios unos ingenieros más competitivos, productivos y orientados con innovación a las necesidades reales de nuestra sociedad.

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