
La creación de empresas vinculadas a la universidad en España sigue siendo una asignatura pendiente, pese a que hay universidades que están apostando por esta línea y facilitan que los estudiantes puedan emprender.
Una opción a la que se están sumando cada vez más universidades para transferir el conocimiento al mercado y favorecer la existencia de una colaboración más estrecha entre la empresa y la universidad, y que cuenta con buenas experiencias en el territorio español. Entre las universidades más activas y de las primeras en contribuir a la creación de spin off o empresas vinculadas al ámbito universitario es la de Santiago de Compostela, que ya en los años 80 creó el CITT (Centro de Innovación y Transferencia de Tecnología), iniciativa a la que le siguió la puesta en marcha del programa Uniemprende y Uninova como incubadora de empresas, la Escuela de Negocios Uniemprende.
Según indica Gustavo Marco, gerente de Uninova, "los tipos de empresas promovidas son de casi todos los sectores, destacando TIC, Biotecnología, Química, Farmacia y Humanidades". Entre las constituidas figuran, por ejemplo, Nanogap (producción y comercialización de nanopartículas) o Neoker, único productor mundial de whiskers de alúmina. Son sólo algunos ejemplos de las 191 empresas creadas (35 de ellas de base tecnológica, spin off) desde el comienzo de estos programas, constituyéndose 23 de ellas en el último año.
Son empresas que han tenido que superar, sobre todo, el principal obstáculo que es cultural, por lo que desde la Universidad de Santiago de Compostela se estimula la cultura emprendedora con talleres y seminarios, cursos prácticos de cómo realizar un estudio de mercado, plan de empresas o la convocatoria anual del Concurso de Ideas Empresarias Innovadoras, que se complementa con el Concurso de Proyectos Empresariales Innovadores. Actividades estas dos últimas en las que han participado más de 1.350 candidaturas entre las que se han repartido más de 250.000 euros en premios.
Pero pese a ello, todavía queda mucho camino por recorrer porque uno de los principales problemas que los universitarios tienen que afrontar a la hora de crear una empresa es la financiación. Para ello, algunas universidades como la de Santiago de Compostela cuenta con Unixest, una sociedad gestora de intereses que actúa como sociedad cartera y tomadora de acciones en las spin off, y Unirisco, sociedad de capital riesgo para la puesta en marcha y desarrollo del proyecto participando de manera temporal (entre 3 y 10 años) en la sociedad con una inversión de entre 100.000 y 300.000 euros con un máximo de 450.000 euros.
Una tendencia a apoyar económicamente a las empresas en esta fase que también se está desarrollando en otras universidades como es el caso de la Universidad de Zaragoza que acaba de aprobar la creación de una sociedad para gestionar su participación en las spin off; una iniciativa que se suma a su convocatoria anual para la creación de este tipo de empresas y a los servicios que se les presta. Según el vicerrector de Investigación de la Universidad de Zaragoza, José Ramón Beltrán, esta sociedad es de responsabilidad limitada y cuenta con un capital social de 36.000 euros. Está prevista una dotación adicional inicial de 2.000 euros.
De esta manera, el objetivo es poder participar en el capital de las spin off que se creen, aunque nunca de forma mayoritaria, ya que se prevé que la participación de la Universidad de Zaragoza sea de entre un 2 y un 5 por ciento con un límite máximo del 10 por ciento, que se desinvertiría en un plazo de 2 o 3 años, según la iniciativa empresarial, sin que signifique esta participación de la Universidad de Zaragoza que la spin off no pueda acceder a otras fuentes de financiación como el capital riesgo "porque es una acción de apoyo o soporte", además de indicar que el desarrollo está relacionado con la Universidad de Zaragoza. Inicialmente, se prevé participar en cuatro o cinco spin off.
Apoyos son también los que reciben los universitarios de la Universidad Autónoma de Madrid que cuenta con el Centro de Iniciativas Emprendedoras (Ciade). Desde el año 1998 se trabaja en fomentar el autoempleo y hasta el momento se han creado 150 empresas, de las que el 60 por ciento tiene base tecnológica (biotecnología, ciencias de la alimentación, ciencias de la salud...) mientras que el 40 por ciento restante corresponde a otras áreas de actividad (arqueología, psicología?). De ellas, 17 empresas de base tecnológica están participadas por la universidad en un porcentaje inferior al 10 por ciento.
Según indica Fernando Alfaro, director de Ciencia y Tecnología del Ciade, "se evalúan las ideas, sobre todo, desde el punto de vista económico y financiero y, si tienen flecos, se les diseña un itinerario, se les ofrece formación porque, a veces, no conocen la gestión financiera o se les pone un tutor para que ayude a conceptualizar la idea y contribuya a atraer inversiones. También se les ayuda en su constitución y en cómo ir al mercado nacional e internacional".
Aunque la mayoría son empresas de base tecnológica, ahora "estamos abriendo el espectro, pero el requisito es que sean proyectos innovadores en un campo". Pero para aquellas que sí tienen esa base tecnológica aún hay más apoyos porque desde la universidad se colabora con otros organismos y con el Parque Científico de Madrid en el que pueden ubicarse este tipo de compañías en sus comienzos. Una ubicación que ya ha sido elegida por 125 empresas.
Este parque tiene dos áreas de actividad, siendo una de ellas la creación y desarrollo de empresas de base tecnológica que surgen en el entorno de las universidades promotoras del parque, la UAM y la UCM, así como de los organismos públicos de investigación como el CSIC y el CIEMAT, mientras que la otra línea es una plataforma de desarrollo tecnológico.
"La universidad nos ha creado y la relación con ellas es siempre constructiva y enriquecedora. Los servicios del parque, tanto en el área científica como en el área de incubación empresarial, están abiertos a toda la comunidad universitaria de la región. Los agentes de un mismo sector estamos destinados a conocernos y a perseguir conjuntamente las metas compartidas. Estamos en el mismo barco y nos une la imperiosa necesidad de cambiar el modelo económico, poniendo en valor el conocimiento que generamos en las universidades, entre otros lugares", según explica Antonio Rafael Díaz, director general de la Fundación Parque Científico de Madrid.
La posibilidad de instalarse en un parque científico también existe para los universitarios de la Universitat de Barcelona, institución que, junto con la Fundación Bosch i Gimpera y la Caixa Catalunya, impulsaron la Fundación Parque Científico de Barcelona, cuyo director general, Fernando Albericio, señala que principalmente se trabaja con proyectos de "carácter científico a los que se les da apoyo para el business plan, buscar capital semilla?, y una vez se forma la empresa puede estar en el parque unos cuatro años para su desarrollo".
Además, las empresas pueden disponer en el parque de servicios comunes como microscopios, lavado de material, servicios de radioactividad, etc, lo que permite también abaratar los costes al comienzo de la actividad al compartir instrumentación, aparte de establecer sinergias con otras empresas. En ocho años, se han creado 40 empresas, la mayoría de ellas spin off y algunas de las cuales cuentan con capital del Grupo Universidad de Barcelona, con un máximo del 10 por ciento de las acciones. "La tarea de la Universidad de Barcelona a través del parque científico es la que tendría que hacerse en la universidad española porque se tiene que mirar hacia el mundo empresarial".
Y de hecho, cada vez la universidad mira más hacia el mundo empresarial y la creación de una empresa vinculada a una universidad es una de las alternativas que tienen los estudiantes al acabar su carrera y que suele tener éxito. De hecho, la tasa de defunción suele ser del 20 por ciento, según datos de la Universidad Politécnica de Madrid. Una supervivencia superior a la de las empresas que se crean fuera del entorno universitario y que se debe a la "tutorización y al análisis que se realiza de las iniciativas. De entre 85 y 90 ideas al año que se estudian, se crean 17 o 18. Se hace mucha criba", explica Fernando Alfaro.
Pero la asignatura pendiente sigue siendo emprender en femenino. Las universitarias son menos proclives a lanzarse a la creación de una empresa. Aproximadamente el 60 por ciento de los emprendedores son hombres, pese a que luego la participación de las mujeres como trabajadoras en estas empresas se equipara y existe una paridad del 50 por ciento, según explica Fernando Albericio.
Y si no se quiere crear una empresa, otra opción es participar en las experiencias que empresas como Indra tienen en la Universidad de Extremadura o la de Castilla-La Mancha en la que se cuenta con centros mixtos de investigación en los propios campus y que permiten a los universitarios adentrarse en el ámbito empresarial.

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