Empleo

Se acerca la reforma universitaria: las dudas que trae Bolonia

Por Chus Muñoz | 24/10/2007 - 6:00 Actualizado: 12:00 - 24/10/07

Cada vez falta menos. En sólo tres años, la Declaración de Bolonia unificará la Universidad europea. En el camino habrá cambios, muchos, y no siempre se conoce de qué forma nos podrán afectar.

Hay un antes y un después del 19 de junio de 1999. Ese día se firmó la tan traída y llevada Declaración de Bolonia, que pende sobre la cabeza de todo el colectivo universitario sin saber, en muchos casos, cuáles serán las futuras consecuencias directas y prácticas en todos los que se mueven en este ámbito.

Mejora en tres frentes

En algo en lo que todos -estudiantes, profesores y estamentos oficiales implicados- sí se ponen de acuerdo es que la filosofía de Bolonia será beneficiosa para el futuro de nuestra Universidad, básicamente porque los tres objetivos esenciales que se pretenden alcanzar contribuirán al desarrollo de la sociedad del conocimiento.

Esos tres objetivos son formar estudiantes que puedan cursar sus carreras en cualquier universidad europea -siguiendo en cierta manera el modelo Erasmus-, mejorar la empleabilidad de los jóvenes a través de titulaciones más competitivas, ágiles y adaptadas a la demanda actual del mercado de trabajo y, por último, afinar la calidad de los centros universitarios para que puedan convertirse en polos de atracción para estudiantes de todo el mundo.

Hasta ahí todos de acuerdo. Pero Bolonia nos pisa los talones y el tiempo que resta para que España se adapte al Espacio Europeo de Educación Superior se agota. Esa fecha será el 2010 y las 71 universidades que existen en nuestro país se afanan por tener los deberes cumplidos para entonces. Algunas, como es el caso de la Carlos III de Madrid o el CEU, tienen la vista puesta en el curso que viene para ceñir todas sus titulaciones a los dictámenes de Bolonia.

Coexistencia

Esto significa que, en principio, coexistirán dentro del mismo recinto universitario estudiantes que terminen sus carreras con el plan antiguo -el de la clásica licenciatura y doctorado- y otros que lo estén comenzando según lo marcado en Bolonia -es decir, con titulaciones de grado, máster y postgrado-.

La incertidumbre acerca de lo que esta coexistencia de planes puede suponer afecta casi por completo al colectivo estudiantil. Como a Ainhoa, estudiante de tercero de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.

"En teoría", indica esta joven, "dentro de tres años yo acabaré mi carrera y seré una licenciada. Pero creo que Bolonia establece que las licenciaturas y diplomaturas tal y como están hoy desaparecen, y serán sustituidas por un título de grado que sólo durará cuatro años. Eso quiere decir que yo conseguiré en cinco años lo que otros, que empezarán a estudiar en mi facultad antes de que yo haya salido de ella, conseguirán en uno menos. Y al final, la titulación que obtendremos en ambos casos será la misma, la de grado en Periodismo, ya que la licenciatura desaparecerá. Esto, la verdad, no me parece muy justo".

Máster y Postgrados

Parecidos recelos despierta entre los estudiantes el tema de la formación postgrado, es decir, los que completan el futuro título de grado. Estos serán los de máster oficial, de uno o dos años, y postgrado, de tres o cuatro, que en la actualidad equivaldrían a los doctorados.

Esos máster tendrán un coste económico para el alumno -entre 840 y 1.440 euros por curso- y el Ministerio de Educación ha designado una importante partida presupuestaria para poder becar a todos los alumnos que se matriculen en un máster oficial y que no puedan hacer frente a su gasto. Son los denominados Préstamos-Renta que acaban de estrenarse en este curso 2007-2008.

Aunque desde el Ministerio y las universidades se empeñan en recalcar que el coste de estos cursos no será en ningún caso un obstáculo para ningún estudiante, algunos, como Carlos, no lo tienen tan claro. Es estudiante de segundo de Derecho en la Complutense.

"Es algo contradictorio", señala, "porque quieren adaptar los estudios universitarios a la demanda del mercado de trabajo actual, pero ¿de verdad creen que en cuatro años tendremos una formación adecuada? Yo veo un futuro de profesionales menos preparados que acceden a puestos de trabajo de segunda fila y de profesionales que se han formado bien a base de pagarse uno de esos famosos másters oficiales de precio público. Es la perpetuación de la especie del talonario, y creo que la diferencia entre los que hagan un máster y los que no será mayor que ahora".

La guerra de los ingenieros

Otro tema espinoso en el camino hacia Bolonia lo constituye el de la nueva estructuración de las carreras universitarias. Ya no habrá un catálogo único de titulaciones, sino que cada universidad podrá registrar sus carreras en relación a cinco ramas de conocimiento: Ciencias Experimentales y de la Salud, Artes y Humanidad, Ingeniería, Arquitectura y Ciencias Sociales.

Cada centro no puede registrar las carreras que le vengan en gana, sino que pasarán por rigurosos filtros y se deberán presentar pruebas que las avalen.

Así las cosas, el actual borrador que maneja el Ministerio para poner orden en este sentido prevé que muchas de las titulaciones actuales puedan desaparecer. Es el caso de algunas especializaciones de ingenierías, con escaso número de alumnos matriculados cada curso. Los futuros ingenieros, además, levantan otra queja por cómo Bolonia puede afectar a su formación y su mejor o peor preparación para enfrentarse al mundo laboral.

El conflicto entre ingenieros de ciclo largo (cinco años) e ingenieros técnicos (tres años) está servido y en él también levantan la voz los colegios profesionales de este sector. Los primeros, los llamados ingenieros superiores, exigen que para ejercer sus actuales atribuciones profesionales sea obligatorio cursar un máster tras el grado. Argumentan que si se quiere mantener alto el listón del prestigio de los ingenieros españoles, no se puede comprimir toda su formación a cuatro años. Los técnicos, por su parte, dicen que sí.

Los créditos europeos

Y queda el tema de los créditos europeos o ECTS. Ahora las carreras españolas ya están divididas en créditos, cada uno equivalente a 10 horas de clases lectivas. Los ECTS van más allá porque, además, recogen las horas de trabajo del alumno fuera de clase -preparación de trabajos, estudio, seminarios, etc-. Un ECTS equivaldrá a entre 25 y 30 horas de trabajo del estudiante y el Ministerio propone para cada curso 60 de estos créditos de formación.

La pega que ven aquí los estudiantes es que para obtener su titulación tendrán que echarle más horas fuera de clase, porque se les evaluará por la preparación de trabajos o exposiciones, por ejemplo, y eso significa que los que tienen que trabajar para poder costearse una carrera lo tendrán más difícil, una situación que en España compaginan alrededor de un cuarto de los estudiantes universitarios.

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