
Sería mejor no tener que hablar de ello, pero un sinfín de datos sonrojantes sobre la mesa obliga. En el mundo, sólo tres de cada 100 mujeres ocupa un puesto directivo. A ello se suma la diferencia de sueldos con los hombres, la imposibilidad de conciliar la vida profesional y la personal, la exigencia de tener que demostrar más? Alrededor de la mujer trabajadora gravitan unos tópicos que para Ana Bujaldón, presidenta de la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias (Fedepe), hoy siguen muy vigentes. "La lucha por la igualdad de género en los puestos de responsabilidad y en el ámbito laboral en general seguirá siendo noticia mientras persista el desequilibrio que perjudica el avance de las mujeres en su trayectoria profesional", sostiene.
P ¿Qué barreras impiden a una mujer ocupar puestos directivos?
R Las barreras, hoy en Occidente, no son legales, físicas o tangibles. Son unos frenos sociales y culturales, anquilosados en el imaginario colectivo, que asocian de manera casi inconsciente las obligaciones derivadas del cuidado de la casa y de la familia a las mujeres. El principal problema no es tanto que la mujer trabajadora o directiva deje patente a su empresa unos horarios imposibles de compaginar o que exijan unas obligaciones de entrada y salida determinadas, sino que la sociedad intuye que al contar con una familia, dicha empleada debe atender esas obligaciones y por ello decide no asignarle tareas de responsabilidad que, erróneamente, considera que no podrá asumir. Este prejuicio tiene como doble filo que los hombres consideren casi como un insulto el hecho de que entidades como Fedepe denuncien estas situaciones.
P ¿Es la mujer el peor enemigo de otra mujer en el trabajo?
R La rivalidad femenina siempre ha sido un estereotipo muy extendido en las relaciones humanas de cualquier índole. No obstante, en el entorno laboral se desarrolla, normalmente, un clima de compañerismo asociado además a esta discriminación inconsciente y a esa necesidad implícita de demostrar mayor valía que el hombre. Las mujeres, por tanto, despiertan entre sí un sentimiento de solidaridad positivo para ambas partes. Fedepe apuesta por esa manera de entender las relaciones y promovemos programas de coaching y mentoring para crear una red de cooperación que propicie el crecimiento personal y profesional a nuestras socias.
P ¿Cómo valoraría la implicación real de las empresas en la conciliación de vida laboral y familiar?
R La palabra conciliación cada vez aparece más en nuestro vocabulario. Europa y EEUU llevan años de ventaja a España, pero hay que agradecer a las multinacionales su aportación en esta materia. La incorporación de guarderías en el puesto laboral, de ofrecer la posibilidad de teletrabajar o incluso de ofrecer a sus directivos un servicio para realizar los típicos recados de casa ha ido calando en la forma de entender los empresarios la realidad de la sociedad y del día a día de sus trabajadores. Fedepe lucha activamente para que la conciliación se traduzca en jornadas de trabajo definidas, en la eliminación de las reuniones de trabajo a última hora de la tarde, en la implementación de la flexibilidad laboral, en la toma de conciencia de que la productividad y la eficacia no están ligadas con un mayor número de horas ni con la elección de ambiente de ocio nocturno para cerrar un negocio.
P ¿Concilia el hombre o sólo de manera anecdótica?
R En general, el hombre aún no puede aplicarse la palabra conciliación puesto que persiste la idea de "ayudar en casa". No se trata de echar una mano, sino de que cale la idea de que las responsabilidades domésticas o el cuidado de los niños son tareas compartidas.
P En la Universidad hay más mujeres que hombres. ¿Por qué eso no se traduce en determinados entornos laborales?
R Es cierto que hay más médicas en los hospitales y más juezas en los tribunales, pero también que no existe la misma promoción en sectores como la ingeniería, la dirección empresarial o las nuevas tecnologías. En sectores en que la selección de profesionales y responsables no se realiza de manera aséptica, como en una oposición, los fantasmas sobre la imposible implicación de la mujer en las responsabilidades laborales aparecen. La cualificación para un puesto de importancia en la empresa conlleva una determinada edad de la candidata, una edad que está cronológicamente asociada a la maternidad. El miedo del empresario a que la nueva directiva pueda coger la baja maternal es un lastre para las mujeres en un proceso de selección.
P ¿Cómo afecta la crisis a la conciliación?
R La crisis ha conllevado una pérdida de calidad de vida, tanto de los trabajadores como de los directivos. La falta de liquidez, el recorte de los créditos bancarios, la decisión de algunos directivos de frenar la caída de su entidad a través de despidos ha implantado el miedo en el entorno laboral y todos los trabajadores, con independencia del puesto, han reducido sus niveles de exigencia laboral, sus demandas personales. Así, la conciliación también ha pasado a ser un "lujo", ya que lo importante ahora es conservar el empleo.
P ¿Está a favor de las políticas de discriminación positiva?
R La discriminación positiva será necesaria hasta que desaparezca la desigualdad.
P Ministerio de Igualdad, ¿una operación publicitaria o una medida necesaria?
R La creación del Ministerio de Igualdad es la creación de una conciencia pública, con un rostro visible que defienda en todos los foros la pertinencia de alcanzar la verdadera igualdad entre géneros. Su trabajo tiene más que ver con hacer desaparecer las barreras intangibles que son la verdadera causa de las desigualdades. Además el ministerio deberá desempeñar una labor de vigilancia y denuncia.
P La Fedepe impulsa proyectos emprendedores. ¿Tiene más miedo la mujer a emprender?
R Las mujeres tradicionalmente han demostrado un talante emprendedor. Ejemplo de ello son los proyectos de cooperación en países en desarrollo donde ellas son las verdaderas artífices del progreso de sus comunidades a través de cooperativas o iniciativas empresariales. El problema surge de nuevo si la mujer siente como propio el cuidado del hogar y hacer compatible la puesta en marcha de un negocio o empresa con la familia vuelve a transformarse en un auténtico dilema.

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